Ver la carga de todos los conductores de un vistazo, y decidir con eso qué grúa y qué conductor van a cada servicio.
Mandar el trabajo al conductor ya funciona: desde SmartOffice, el albarán de servicio llega a la cartera de su terminal Proesenco, él anota las horas y el cliente firma allí mismo. Esa parte está resuelta, y es la que acaba facturando.
Lo que no hay es una vista de la carga de cada uno. A la hora de decidir a quién mandar el servicio de mañana, la información está en la cabeza de quien reparte: quién sale ya cargado, quién anda por Valdebebas y podría encadenar, qué grúa hace falta para esa obra, quién está de vacaciones.
Eso lleva a lo de siempre:
El planificador no cambia cómo llega el trabajo al conductor. Cambia cómo se decide a quién dárselo.
Una línea por terminal y el tiempo en horizontal. De un vistazo se ve quién está cargado, quién tiene hueco y a qué hora.
La jornada y los días laborables los pone cada calendario —con el sábado dentro, si se trabaja—, y los festivos salen del calendario de festividades que ya usa SmartOffice: si el 15 de agosto es fiesta, no aparece en la agenda.
Para decidir hace falta saber de qué va cada servicio. Pasando el ratón por una barra aparece entero: la grúa con su número de serie, el cliente, la obra, el contrato, adónde hay que ir y las tarifas del albarán.
Es la diferencia entre «el 26-11432 de Pedro» y «la grúa de 80 en la M-607 a la altura del kilómetro 13,5». Con lo segundo se decide; con lo primero, no.
La dirección de entrega la pone el contrato, que es donde está: el albarán de servicio no la repite.
Un conductor de vacaciones no es un hueco libre. Los calendarios de ausencias se superponen a la agenda, con un borde rojo bien visible, y se encienden o se apagan con un solo botón.
Debajo de la agenda, los albaranes de servicio que todavía no están asignados a nadie.
Cada albarán se despliega y enseña lo que hace falta para elegir destinatario: la grúa, el cliente, la obra, el contrato, la dirección de entrega y las tarifas contratadas.
Las tarifas del mismo producto van juntas —1 H, 1 HE, 1 HEF, 1 S, 1 SF, 1 KMS—, que es como se leen: lo que hay contratado, a la espera de las horas que el conductor introduzca en el terminal.
Con la carga delante, asignar es un gesto:
Y si hay que recolocar —entra una urgencia, un cliente retrasa la descarga—, se arrastra a otra hora, a otro día o a otro conductor. Al mover el inicio, el servicio se desplaza entero conservando su duración.
Cuando el servicio se da por confirmado, sus albaranes salen hacia la cartera del terminal. Es el envío de siempre, con los mismos procedimientos de Proesenco que Poncal ya tiene funcionando: no hay una integración nueva que mantener, ni un segundo sitio donde repetir el trabajo.
La diferencia es que ahora se envía después de haber visto a quién conviene mandárselo, y con una hora concreta detrás.
Lo que el conductor hace en el terminal se refleja en la pantalla sin que nadie lo teclee:
| En el terminal | En la agenda |
|---|---|
| Abre su lista de trabajos | El servicio pasa a en curso |
| Anota las horas y recoge la firma del cliente | El servicio pasa a realizado |
Así, a media mañana, la pregunta ¿cómo vamos? se contesta mirando la pantalla: lo verde está hecho, lo naranja está en marcha y lo gris sigue esperando. Y lo que se ve al repartir mañana es la carga de verdad, no la de memoria.
Cada cambio de estado deja una línea en el histórico: quién lo hizo, cuándo, de qué estado a cuál, y con qué albaranes y conductores contaba el servicio en ese momento. Cuando alguien pregunte ¿por qué esta grúa fue el jueves a Cobeña?, la respuesta está ahí.
Poco, y todo es configuración:
No hay que tocar los albaranes, ni cambiar la forma de trabajar en SmartOffice, ni instalar nada nuevo en los terminales.
Lo que ya se enviaba al conductor, enviado ahora sabiendo quién tiene hueco,
qué grúa lleva y dónde está.
Las capturas son de la pantalla real, con albaranes, grúas y terminales de Poncal. Las fechas se han llevado al día en curso para que la agenda aparezca con trabajo repartido.